P A L I T R O Q U E S.
- APCJ

- 19 ene
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LA SOBERANIA.

La soberanía del hombre está oculta en la dimensión de sus conocimientos. Francis Bacon, filósofo inglés.
A la Doctora, como se dice vulgarmente, no se le cae de la boca la palara soberanía, la repite, en su mañanera, un día sí y otro también, que de plano, como decía el clásico de Macuspana, ya chole, tanto la manipula, que la izquierda debe dejar de ser hipócrita y no reclamar que se respete, por U S A, la soberanía de países dictatoriales como Venezuela, a cambio de negársela a los mexicanos su propio gobierno, no obstante estar invadidos y aterrorizados por el crimen organizado.
Hay un analista internacional brasileño llamado Felipe Haasan, quién, respecto a la cacareada soberanía, opina: "Se invoca la soberanía", "la no intervención" y el "orden jurídico internacional", como si estos conceptos existieran para proteger a los gobiernos y no a las personas. Como si la soberanía estatal fuera un escudo moral absoluto, capaz de justificar el hambre, la persecución, la tortura, el exilio masivo (la emigración paréntesis nuestro) y la supresión completa de la voluntad popular. No lo es.
La soberanía no es un fin en sí misma; nunca lo fue. Es un instrumento funcional, condicionado al cumplimiento de los deberes del Estado para con su población. Cuando un régimen transforma a su propio pueblo en rehén, empobrece deliberadamente a la sociedad, destruye instituciones, persigue opositores, defrauda elecciones y elimina cualquier posibilidad real de alternancia del poder; ese régimen pierde legitimidad que da sentido a la soberanía que alega defender.
El derecho a la vida, a la dignidad humana y a la autodeterminación de los pueblos, no son valores occidentales opcionales, ni retórica política. Son normas centrales de orden jurídico internacional contemporáneo. Un gobierno que viola sistemáticamente estos derechos, no puede exigir que el mundo cierre los ojos en nombre de una abstracción jurídica conveniente.
Venezuela no es un caso de "divergencia ideológica", es una tragedia humanitaria. Millones de personas se han visto obligadas a dejar el país. Los que se quedaron, conviven con la escasez, la represión y el miedo. No hay elecciones libres. No hay persona independiente. No hay un Poder Judicial autónomo. No hay canales internos efectivos para que el pueblo se libere por su propia cuenta. Defender que ese pueblo resuelva solo su situación, es, en la práctica, defender la reputación del sufrimiento.
...Invocar el derecho internacional para defender a dictadores, es una perversión intelectual... No hay nada progresista en ello. N hay nada de humanista....."
La opinión de Felipe sigue, pero hay le cortamos; algunos estarán de acuerdo con lo anterior, otros no, pero cada cabeza es un mundo, por eso se dice que el Ser Supremo le dio a cada individuo, el libre albedrío.
Para recuperar el aliento, algo de humor para los vegetarianos y veganos: ¿Cuál es el baile preferido del tomate?. ¡La salsa!. Vale.
#es Andy


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