La Huesuda en la Junta Mensual de la Asociación de Periodistas de Ciudad Juárez.
- APCJ

- 31 oct
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Actualizado: 3 nov

Una mañana en Juárez, brillante y serena,
la flaca llegaba con libreta y antena.
Traía su grabadora, su pluma afilada,
“vengo a la junta”, dijo, toda animada.
El aroma del café llenaba el salón,
y la muerte curiosa tomó posición.
Entre risas, notas y conversación,
se topó con periodistas de gran corazón.
En la mesa, risas, anécdotas y voces,
entre notas viejas y mil percances atroces.
Ahí estaban todos, los de la Asociación,
compañeros de tinta y de corazón.
Borunda Escobedo, firme presidente,
le dio la bienvenida muy sonriente.
“Si vienes, calaca, a darnos cobertura,
anota bien claro: aquí hay escritura pura.”
Mendoza Zubiate, con porte sincero,
le dijo tranquilo: “Sé justa, calaca.
Que somos periodistas, de alma valiente,
la verdad nos guía, no el accidente.”
El secretario Óscar Vázquez apuntó veloz,
“Yo te registro, pero dime quién sos.
Si vienes con fines de nota o sentencia,
te aviso que aquí hay pura resistencia.”
Y Claudia Bañuelos, con tono risueño,
guardó la tesorería y habló con empeño:
“Calaca, no cobres ni cuotas ni oficios,
que aquí se pagan con letras y juicios.”
La huesuda miró a los demás presentes,
periodistas curtidos, firmes, valientes.
Algunos aún corren tras la exclusiva,
otros ya en calma, con vida reflexiva.
Entre pláticas largas y alguna emoción,
la flaca pensó: “qué noble misión.
Aún jubilados, mantienen la llama,
y los más jóvenes siguen con alma.”
Los viejos reporteros contaron historias,
de notas, de luchas, de antiguas victorias.
Y los nuevos soñaban con plumas al sol,
siguiendo el legado, con tinta y con rol.
Entonces la muerte, con gesto profundo,
susurró bajito: “ustedes del mundo
no se irán nunca, aunque cierre su edición,
pues viven en letras y en cada opinión.”
Y al despedirse, entre bromas y charla,
la flaca dejó su guadaña en la barra.
“Regreso otro día”, dijo con calma,
“porque aquí la verdad… también tiene alma.”

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