Ciudad Juárez, eterna musa.
- APCJ

- 31 oct
- 1 Min. de lectura
Calaverita por: Odette Ocaña Barreno.
Al caer hojas naranjas y oler incesantemente a incienso.
En la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales el ambiente es tenso.
Aquí en Ciudad Juárez, donde abunda el desconcierto,
encontramos algo de paz en honrar a nuestros muertos.
Los altares y el cempasúchil nos recuerdan viejos dolores.
Hay cicatrices que no se borran y que incitan a que llores.
Cambia la temporada, pero la historia no finaliza.
Es perpetua la belleza de la muerte divina.
En cada carrera procuramos algo plasmar,
comunicar una dura historia o el país cambiar.
Cargamos cada uno una gran responsabilidad,
dar a conocer el dolor de los que prefieren callar.
Hemos danzado y visto a los ojos a aquella pálida,
que se esconde en cada historia, en cada lágrima.
Es orgullosa, aunque pretenda no ser vanidosa.
Ante cámaras o con mi simple mención, basta y sobra.
Te hiela la piel, pero también los ojos te abre.
Lo que no se ve no deja que se grabe.
Pero ahí está, pendiente de lo que hables.
Llega por cada uno, más justa con los culpables.
¿Aunque qué sería de nosotros sin la injusticia?
Aquellas madres y padres que gritan día a día,
el duelo eterno que empapa nuestros suelos,
y el triste final de alguien en un campo algodonero.
Ay, nuestra ciudad, eterna musa, no libre de pecado.
¿Cuánto te hemos llorado y a la vez amado?
Un dos de noviembre, cada invierno helado.
¿Cura el dolor un pan dulce o un chocolate endulzado?


Comentarios