EL CAPOTE.

Todo aficionado a la fiesta brava que se respete, conoce el trapo, con el que los subalternos, novilleros y matadores de toros, inician, en el ruedo, la lidia del toro, es uno de los avíos para torear, aparte de la muleta, el fundón, los estoques, el esportón y ahí la dejamos.
A este pedazo de tela o trapo, se le llama El Capote y en sentido figurado percal, sencillamente porque está hecho de una tela que se llama percalina, la cual, entre otras muchas cosas, sirve para forrar libros y evitar su maltrato.
En cambio, la muleta es de franela no de paño, por eso es incorrecto llamarle la pañosa, según los enterados o puritanos de la fiesta, pero eso no es óbice, para que cada aficionado la llame como le de su... gana, inclusive zarga.
A groso modo escribimos este curioso detalle taurino sobre el capote, pues las nuevas generaciones ni siquiera saben qué es percalina y así dejamos tambien satisfechos, al grupo de betabeles que periódicamente tomamos café o té ¡ah! y medicamentos, en diferentes cafeterías de esta "La Mejor Frontera de México".
Cerramos el tercio recordando a Pepe Alameda: "Toma el percal "Calesero" y se le convierte en seda"... y de aquí nos vamos, raudos y veloces, hasta Ronda, en cuya plaza, que es la de los toreros machos, se acaba de celebrar su LXVII Corrida Goyesca, donde nos obstante un encierro mal presentado, según crónica leída, triunfaron Ventura (rejoneador), Manzanares y Ortega, en tanto que Morante de la Puebla, solo tuvo destellos, chispazos, pinceladas y ¡ya!. Vale.
#es Andy





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