EL RECREO
- APCJ

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Desde Mérida hasta Ensenada, como el Pilón, el territorio mexicano está plagado de pulquerías, cantinas, pubs, tabernas, tugurios, antros, bares y lupanares, donde se consumen bebidas etílicas que es un contento y con cualquier pretexto, desde nacimientos, bautizos, cumpleaños, quinceañeras, bodas, tornabodas, sepelios, carnes asadas, etc., etc., etc., el pretexto es lo de menos para beber pulque, tequila, colonche, xtabentun, agurdiente de caña, ron, ginebra, bodka, güsqui, brandi, coñac o cuando menos vino.
En nuestra ciudad, en la calle Francisco y Madero y Av. 16 de septiembre, se encuentra una cantina ya abandonada dese hace varios años, "El Recreo", que tuvo su auge muchos años y en su rocola había muy buena música popular y una mesa de billar, donde los parroquianos se divertían entre "chela y chela" o su bebida preferida.
Con este preámbulo llegamos al toro, fuente de nuestra inspiración y esencia de esta columna opinativa, pues nos vamos a referir, no al bar de marras, sino a una plaza de toros bilbaína que duró como un suspiro: esa plaza de efímera vida, duró solamente un año (1892) y se llamó "El Recreo" que tuvo una capacidad para seis mil aficionados debidamente acomodados.
Hubo otras plazas de toros en Bilbao, que por flojera no señalamos, hasta quedar solamente la plaza de Vista Alegre, donde vimos nuestras últimas corridas en España, pues los años nos aplacaron y es mejor no buscarle ruido al chicharrón y ahora la TV es la que no deja morir nuestra afición a la más bella de todas las fiestas, la fiesta brava, acompañados de la distinguida señora Manchega, cuando le da su gana. Vale.
#es Andy



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