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¿Dónde están? La pregunta que miles de familias se siguen haciendo.

Foto del escritor: APCJ Asociación de Periodistas
APCJ Asociación de Periodistas
hace 2 minutos
3 min de lectura
Viernes 23 de octubre del 2026.
Viernes 23 de octubre del 2026.

Salieron de casa sin imaginar que sus fotografías terminarían en carteles de búsqueda. Hoy, sus familias recorren calles, hospitales, fiscalías y terrenos con una pregunta sin respuesta: ¿Dónde están?

 

En México hay madres que darían todo por volver a escuchar a sus hijos decirles «mamá»; padres que no abandonan la búsqueda; esposas que esperan a sus maridos, hijos que preguntan por sus padres y hermanos que anhelan un reencuentro. Hay niñas, niños, adolescentes, mujeres y hombres cuya ausencia cambió la vida de quienes los aman. No saber dónde está un ser querido es vivir entre esperanza y miedo.

 

En redes sociales, algunas frases expresan esta realidad mediante personajes de nuestra infancia y leyendas populares. «En México, la Llorona dejó de llorar al darse cuenta de que no era la única que buscaba a sus hijos», dice una publicación en internet.

 

Sin embargo, las madres buscadoras no son personajes de ficción. Son mujeres que recorren el país con fotografías en las manos, buscan entre la tierra y la incertidumbre y exigen respuestas ante una realidad que ninguna familia debería vivir.

 

Otras expresiones recurren al ratón de los dientes, que ya no busca debajo de la almohada, sino bajo tierra. También circula el diálogo de una madre y su hija que juegan a las escondidas: «Mamá, ¿Jugamos?». «Y si te encuentro, ¿Qué te hago?». «Llévame a casa, mamá».

 

Son frases difíciles de leer porque usan imágenes de la infancia para expresar una realidad dolorosa. No se trata de convertir el sufrimiento en una ocurrencia. Detrás hay personas ausentes y familias que esperan. Ninguna reacción en redes sustituye una búsqueda efectiva.

 

Detrás de cada caso hay una historia y derechos que deben respetarse: buscar, conocer la verdad y acceder a la justicia.

 

En Ciudad Juárez, esta lucha tiene nombres que no debemos olvidar. José Luis Castillo Carreón lleva años buscando a su hija, Esmeralda Castillo Rincón, desaparecida el 19 de mayo de 2009, cuando tenía 14 años. También recordamos a Marisela Escobedo, asesinada el 16 de diciembre de 2010 mientras exigía justicia por el feminicidio de su hija Rubí frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua. Su historia evidencio el dolor de una madre que tuvo que enfrentar las fallas de las instituciones en su lucha por la justicia. Junto a ellas están las familias buscadoras de Juárez que siguen pegando pesquisas, recorriendo terrenos y exigiendo que sus seres queridos no sean olvidados.

 

No solamente desaparecen mujeres y menores. También hay hombres jóvenes y adultos cuyo paradero se desconoce; padres que no regresaron a casa, hijos que sus familias esperan y hermanos a quienes alguien sigue buscando. Cada caso merece atención, sin importar edad, género o condición social. Ninguna familia debería luchar para que su ausencia sea tomada en serio.

 

La presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta cuestionamientos sobre la respuesta de su gobierno, mientras familiares y colectivos exigen resultados. Las estrategias deben evaluarse por su capacidad para localizar personas, esclarecer hechos y atender a quienes llevan años buscando.

 

La responsabilidad de las autoridades no termina al recibir una denuncia o publicar una ficha. Se requieren coordinación, recursos, investigaciones diligentes y comunicación con las familias. Las desapariciones no deben convertirse en una disputa partidista: las responsabilidades deben investigarse y las omisiones señalarse, sin desplazar a las víctimas.

 

Ninguna madre debería convertirse en investigadora para encontrar a su hijo. Ningún padre debería recorrer caminos sin saber si encontrará a su hija. Ningún hijo debería preguntarse dónde están sus padres. Ninguna familia debería rogar para que busquen a quien le falta, ni una persona desaparecida quedar reducida a una cifra o una carpeta sin respuestas.

 

Como sociedad, no podemos acostumbrarnos a estas ausencias. Detrás de cada ficha hay una vida y personas que esperan. Recordar sus nombres, compartir información y exigir resultados ayuda a evitar que esta realidad se normalice. La búsqueda es responsabilidad de las autoridades; el silencio social tampoco debe convertirse en indiferencia.

 

Ojalá llegue el día en que las familias dejen de buscar entre incertidumbre y miedo; en que encuentren verdad, justicia y, cuando sea posible, el reencuentro. Ojalá puedan abrazar a los suyos y decir, después de tanta espera, estas palabras:

«Ya llegó a casa».


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