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Superficie de mármol

Alcohol, drogas y familias en crisis.

  • Foto del escritor: APCJ
    APCJ
  • hace 2 días
  • 3 min de lectura
Por el Lic. Héctor Molinar.
Por el Lic. Héctor Molinar.

Este mes se cumplen 91 años de aquel encuentro histórico entre Bill Wilson y el

Dr. Robert Smith, mejor conocidos como Bill W. y el Dr. Bob, quienes en 1935

iniciaron lo que con el tiempo se convertiría en Alcohólicos Anónimos, una

agrupación que ha brindado esperanza y recuperación a millones de personas en

todo el mundo que padecen la enfermedad del alcoholismo.


Sin embargo, a más de nueve décadas de distancia, la realidad que enfrentamos

es mucho más compleja que la de aquellos años. Hoy no solamente hablamos del

consumo excesivo de bebidas embriagantes. Nos encontramos frente a una

problemática social que combina alcohol, drogas ilegales, medicamentos

controlados y otras sustancias que generan dependencia, afectando de manera

grave a personas de todas las edades, particularmente a niños, niñas y

adolescentes.


Diversos estudios y estadísticas nacionales han colocado al Estado de Chihuahua

entre las entidades con mayores desafíos relacionados con el consumo de

sustancias adictivas. Detrás de cada cifra existe una historia humana: familias

destruidas, matrimonios fracturados, violencia intrafamiliar, accidentes

automovilísticos, ausentismo laboral, abandono escolar, problemas de salud

mental y, en los casos más extremos, homicidios y suicidios.


Quienes tenemos años de experiencia observando este fenómeno sabemos que el

daño no se limita a quien consume. Se trata de una enfermedad familiar y social.


Se estima que cada persona con problemas graves de alcoholismo o drogadicción

afecta directamente a múltiples integrantes de su entorno: padres, hijos,

hermanos, pareja, compañeros de trabajo y amigos cercanos.


Lo más doloroso es que muchas veces la enfermedad permanece oculta durante

años. El alcohólico o adicto suele desarrollar mecanismos para negar su

problema, justificarlo o minimizarlo. Aprende a aparentar normalidad, a prometer

cambios que no llegan y a culpar a otros de las consecuencias de sus actos.


Mientras tanto, la familia vive entre la incertidumbre, el miedo, la frustración y la

impotencia, sin saber qué hacer ni a dónde acudir.


La situación se vuelve todavía más preocupante cuando observamos el impacto

económico y social que generan las adicciones. El enorme mercado de las drogas

alimenta estructuras criminales que encuentran en el consumo una fuente

permanente de ingresos. Mientras exista una alta demanda de sustancias, seguirá

existiendo quien las produzca, distribuya y comercialice ilegalmente.


Por ello, la lucha contra el crimen organizado no puede limitarse a los operativos

policiacos o militares. También debe incluir la prevención, la educación y la

recuperación de quienes padecen adicciones. Reducir el consumo significa

debilitar una de las principales fuentes de financiamiento de estas organizaciones.


Desafortunadamente, muchas personas llegan tarde a buscar ayuda. En

ocasiones han recorrido consultorios, hospitales, tratamientos improvisados y

remedios milagrosos sin obtener resultados duraderos. Otras ni siquiera han

recibido un diagnóstico adecuado. La vergüenza, el miedo al qué dirán y el

desconocimiento siguen siendo grandes obstáculos para atender oportunamente

esta enfermedad.


A pesar de este panorama, existe una razón para la esperanza.


Miles de hombres y mujeres han logrado recuperarse gracias a programas de

ayuda mutua como Alcohólicos Anónimos. Actualmente, los grupos reciben

personas con diversas historias de consumo, incluyendo alcohol y distintas

drogas. Lo que los une no es la sustancia, sino el sufrimiento que los llevó a

buscar ayuda y el deseo sincero de cambiar su vida.


La experiencia demuestra que cuando una persona acepta su problema, escucha

a quienes han recorrido el mismo camino y comienza a practicar los Doce Pasos,

ocurre una transformación profunda. Recupera la serenidad, la dignidad, la

responsabilidad y el sentido espiritual de la existencia. Poco a poco reconstruye la confianza de su familia, mejora sus relaciones personales y vuelve a integrarse

productivamente a la sociedad.


No existe una solución mágica ni instantánea. La recuperación requiere

honestidad, disciplina, humildad y perseverancia. Sin embargo, miles de

testimonios en todo el mundo demuestran que sí es posible dejar de beber y

consumir drogas, aun cuando la situación parezca desesperada.


La invitación es sencilla pero poderosa. Si usted o algún familiar tiene problemas

con el alcohol o las drogas, busque ayuda. Acuda a un grupo cercano, escuche,

pregunte y permita que quienes han encontrado una nueva forma de vivir

compartan su experiencia.


A 91 años del nacimiento de Alcohólicos Anónimos, el mensaje sigue vigente y

nadie tiene que enfrentar solo esta enfermedad. Siempre existe una puerta abierta para quien desea recuperarse.


La mejor lucha contra las adicciones comienza cuando una persona decide

cambiar su vida. Y cuando eso ocurre, también comienza la recuperación de su

familia y de la comunidad que la rodea.


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